Romangordo y sus trampantojos: cómo reinventarse a través del arte urbano

Romangordo y sus trampantojos: cómo reinventarse a través del arte urbano

 

Romangordo es un pequeño municipio cacereño situado en la Reserva de la Biosfera de Monfragüe, junto al río Tajo. Esta localidad, de apenas 260 habitantes, se ha convertido en un referente del arte urbano en Extremadura, gracias a dos proyectos artísticos que han llenado las puertas y paredes del pueblo de coloridas pinturas y murales. Sus más de 85 ilustraciones callejeras representan escenas típicas de la vida rural de años atrás: antiguos oficios, escenas de la vida cotidiana, costumbres y paisajes. Una idea que nació en 2016 con el objetivo de embellecer las calles del pueblo y que, en tan sólo tres años, ha atraído la atención de miles de visitantes a este pequeño rincón de la provincia de Cáceres.

 

«La fábrica de gaseosas», uno de los trampantojos más representativos de Romangordo. La imagen muestra el antes y el después de su creación.

Situado en un entorno natural privilegiado, a las puertas del Geoparque Villuerca-Ibores-Jara y a pocos kilómetros del Parque Nacional de Monfragüe, Romangordo alberga entre sus calles un museo de pintura al aire libre. Sus murales, conocidos como “trampantojos” (trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es), transportan al visitante a un tiempo pasado, mediante ilusiones ópticas que reconstruyen la forma de vida que los romangordeños tenían hace varias décadas y que integran al visitante en su entorno. Estas pinturas se engloban bajo el proyecto “Romangordo: imágenes que marcan la identidad de un pueblo” y han sido creadas por varios artistas extremeños adscritos al proyecto “Muro Crítico”, que trata de acercar el arte urbano a los municipios de la provincia de Cáceres.

 

De forma simultánea al desarrollo de los primeros trampantojos, en el verano de 2016 nació el proyecto “Puerta a puerta: pintamos nuestra vida y nuestra historia”, impulsado por el Ayuntamiento e iniciado por un artista local en colaboración con varios estudiantes de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Esta idea, que inicialmente surgió con el objetivo de embellecer una zona del pueblo mediante la representación de escenas cotidianas de la vida rural en las puertas de cocheras, garajes y corrales, tuvo una gran acogida por parte del resto de vecinos, que decidieron sumarse a la iniciativa. Tres años después, más de 55 puertas han sido pintadas contando con la colaboración ciudadana: la mayoría de ellas reflejan los oficios o costumbres que tenían aquellos romangordeños que las habitaron décadas atrás.

 

 

Muestra de algunas de las pinturas que pueden visitarse en Romangordo.

 

La originalidad de la iniciativa y la calidad de los trabajos atrajeron a cientos de visitantes casi desde el principio. Romangordo ya contaba con varios atractivos turísticos consolidados, como la Casa de Los Aromas (centro de interpretación de la flora que se encuentra en el entorno del Parque Nacional de Monfragüe ), la Iglesia de Santa Catalina (recientemente declarada Bien de Interés Cultural) o la Casa del Tío Cáscoles (ecomuseo de arquitectura popular).

Elaboración propia a partir de los datos facilitados por el Ayuntamiento de Romangordo

Sin embargo, según los datos aportados por el Ayuntamiento para la elaboración de este reportaje, es a raíz de la popularización de la “Ruta de los Trampantojos” cuando el número de visitantes se dispara.Durante el año 2018 más de 14.000 personas recorrieron las calles de este pequeño pueblo, incrementando el número de visitantes con respecto al año anterior en un 119,4%. Y, sólo durante los primeros cinco meses de este año, esta cifra ya se ha superado con creces.

 

 

 

 

 

Turismo rural como motor en la “España vacía”: el caso de Romangordo

Para los municipios que pertenecen a la denominada “España vacía”, constituida por aquellas provincias españolas afectadas profundamente por la despoblación, el turismo rural se ha convertido en la mayor apuesta por el crecimiento y el futuro. Es el caso de Romangordo que, tras el sorprendente éxito de su “Ruta de los Trampantojos”, decidió apostar por su continuidad. “Actualmente, 57 puertas, 15 murales y 16 frases y poemas decoran las calles de Romangordo. Estos proyectos comenzaron por casualidad y con un objetivo muy diferente al que tiene en la actualidad:  la gran acogida que han tenido entre los visitantes nos ha animado a continuar”, indica Juan Antonio Salazar, dinamizador turístico de Romangordo.

«El Rincón» fue el primer trampantojo que llegó a Romangordo

“Que se trate de un museo al aire libre, sin horarios, permite que el visitante que llega a Romangordo pase más tiempo en el municipio, algo que está generando un impacto muy positivo en los negocios locales”, explica Salazar. “Los dos bares del pueblo se han visto muy beneficiados por la permanencia de este visitante e incluso uno de ellos ha ampliado sus servicios como restaurante, generando un nuevo negocio en la localidad. Además, hace tan sólo unas semanas se ha producido la reapertura de la tienda”. Este crecimiento está asociado, además, a la creación de otro tipo de servicios, como la apertura de una farmacia y, recientemente, la instalación de un cajero automático y una oficina bancaria, servicios que llegan por primera vez a este pueblo extremeño. “El objetivo es continuar con esta inversión pública para embellecer el pueblo y hacerlo atractivo para los visitantes, crear infraestructura que beneficie a los negocios locales y que genere, en un futuro, nuevas actividades empresariales, como podría ser la creación de una empresa de servicios turísticos o un servicio de alojamiento”, señala el dinamizador turístico.

 

Fragmento del reportaje “Romangordo. Turismo rural” emitido por el programa Agrosfera de RTVE.

 

Participación ciudadana y nuevas tecnologías: claves para el éxito de la iniciativa

“Una de las características que ha hecho especial este proyecto es la participación de los vecinos, muchos de ellos hicieron propuestas sobre aquellos oficios o escenas que querían reflejar en sus puertas. De esta forma hemos podido plasmar oficios en los que no habíamos pensado en un inicio, como el de albardero”, explica Juan Antonio Salazar.

“Hemos pretendido, además, que el visitante tenga la mejor experiencia posible y por ello, muchas de las pinturas cuentan con un código QR que, al ser escaneado, proporciona información sobre el oficio, cómo se realizaba y, en algunos casos, incluso se puede leer el nombre de la persona que realizaba este oficio en el pueblo. Es nuestro pequeño homenaje a aquellos artesanos que vivieron y trabajaron en Romangordo”, concluye Salazar.

 

Mapa descargable de Romangordo para que no te pierdas ninguna de sus obras de arte urbano


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